viernes, 27 de abril de 2012

PROYECTOS CON CO-RAZÓN: por una “burocracia” al servicio de la vida, sin viceversa.

 
Videotexto de la conferencia de JOSE MARIA TORO, 
autor del libro "Educar con Co-razón" 
          en Tenerife Sur-Abona el día 16 de Noviembre de 2009 ante 300 maestros y maestras canarios.

Música: “Rachel´s Song” (Vangelis) “Elyseum” (Lisa Gerrard)

                               
 Una conferencia para renovar la vocación y reaviviar el entusiasmo de quienes se dedican a la tarea más noble y de más alta responsabilidad: EDUCAR.
 Imágenes de la Conferencia Inaugural de las Jornadas 
"El Proyecto Educativo de Centro en la LOE: un modelo de trabajo colaborativo".
       Realizada en el Centro Cívico Cabo Blanco 
  el 16 de Noviembre de 2009 
para el profesorado participante en los Seminarios Formativos.
 
                                Texto de presentación del material 
                         "El proyecto educativo de centro en la LOE.
                            Un modelo de trabajo cooperativo".

 Todo proyecto es herencia y promesa. En cada cosa que iniciamos hay una historia, un pasado, una memoria y unos antecedentes. Con cada cosa que iniciamos abrimos un presente, es decir, un regalo, construimos un futuro y tiene sus consecuencias.

Estas páginas no quieren ser sino un acto de homenaje. A través de mis palabras quiero honrar, en primer lugar, a todos mis maestros y profesores. Recientemente invitaba a más de 300 alumnos de la Universidad de Granada que iniciaban su período de prácticas a honrar y agradecer a todos los que habían sido sus maestros o profesoras. Y les decía: “Todo maestro es siempre una ocasión para el agradecimiento. A los buenos maestros que hemos tenido tenemos que agradecerles que nos mostraron cómo hacer y vivir las cosas. Pero también a los “malos” maestros tenemos que agradecerles que nos ayudaron a tomar conciencia de cómo no tenemos que hacer las cosas”.


En el corazón de cada maestra o maestro ha de estar prendida siempre la llama de la pasión y de la entrega, una llama que recobra fuerza y se reaviva con el recuerdo agradecido de esas grandes figuras que a lo largo de la historia han ido abriendo nuevos horizontes, han ido aportando nuevas miradas y maneras de comprender y vivir la que considero la tarea más noble y de más alta responsabilidad: educar.

Aquí y ahora, mientras mis dedos se desplazan con alegría por el teclado, vivifico mi propia pasión y entrega con el recuerdo agradecido de Josefina Aldecoa, esa gran maestra y escritora, recientemente fallecida, y que nos dejó estímulos tan vivificantes como estas palabras, entresacadas de su obra “Historia de una maestra”:

« Cada día surgía un nuevo obstáculo y, a la vez, el reto de resolverlo. Los niños avanzaban, vibraban y aprendían. Y yo me sentía enardecida con los resultados de ese aprendizaje que  era al mismo tiempo el mío.
Yo me decía: <no puede existir dedicación más hermosa que ésta>. (...)
Ése era el milagro de una profesión que me mantenía contenta a pesar de la nieve y de la cocina oscura, a pesar de lo poco que aparentemente me daban y lo mucho que yo tenía que dar. O quizá por eso mismo. (...) Tenía que pasar mucho tiempo hasta que yo me diera cuenta de que lo que me daban los niños valía más que todo lo que ellos recibían de mí”.  

Pero también es justo y necesario, hacer un sitio, recordar, es decir, volver a pasar por el corazón, a todas esas maestras y maestros anónimos que entregaron y siguen entregando, cada mañana, lo mejor de sí mismos ante sus alumnos, pequeños o grandes.

 No somos maestros, si eso significa que hemos llegado de manera definitiva a alguna parte.  Por eso me parece más adecuado afirmar que nos dedicamos a.....Es día a día como vamos realizando nuestra vocación y construyendo nuestro magisterio.
Al educar avanzamos hacia un horizonte que nunca llegamos a alcanzar del todo porque a cada paso que damos él también se desplaza hacia delante.
En educación, tocar techo no es sino arribar a un suelo que nos está invitando, de nuevo, a un nuevo e insospechado cielo.
Esto hace de la educación un proceso apasionante, una actividad creadora, permanentemente inacabada: nunca se llega, pero siempre se puede “estar”.

A medida que el mundo se torna más global y complejo sentimos más inseguridad, menos certezas y  se nos abren más y más interrogantes.

Poder trabajar con los niños y niñas es un regalo del que no siempre tomamos conciencia ya que ellos nos ofrecen en sus ojos esa posibilidad de “estrenar el mundo en cada mirada”.Cuando uno está delante de un niño, de una niña, el suelo que pisamos se convierte en “arenas movedizas”. Los niños nos impiden “fijarnos” al suelo, amarrarnos a realidades estáticas e inmóviles.

Es en este contexto en el que la redacción de proyectos o las tareas burocráticas adquieren sentido.
Hoy la burocracia es una enorme carga, un peso que aplasta tanto al profesorado como a su alumnado. Si alegría significa “estar aligerado”, maestras y niños sólo podrán “saltar” de alegría después de “soltar” tanta presión y peso.
En un encuentro para equipos directivos y miembros de la inspección celebrado en Ronda expresé mi sospecha de que “la administración, queriendo controlar y fiscalizar a los que no trabajan, asfixia y ahoga a los que trabajan”. Resulta significativo que, en la mayoría de las ocasiones, los maestros que están más al día con los papeles y que mejor responden a las demandas de tipo burocrático y administrativo, son los que menos se entregan a los alumnos.

Los griegos llamaban pedagogo a la persona que acompañaba a los niños a la escuela, la persona que los conducía hasta el lugar en el que aprendían.  Educar es algo así como hacer camino con.  Acompañamos hacia algún lugar siempre imprevisto”. Educar es acompañar a alguien hacia ese lugar en el que reconocen lo que son y advierten y se entusiasman con “lo que pueden llegar a ser”.
Educar es acompañar a otra persona hacia su propia hondura, encaminarlo en dirección a la casa de su corazón. Educar es trazar y recorrer travesías, itinerarios y caminos que “tienen dirección”, que se orientan “en un sentido” y en los que la persona va dotando de sentido su vida, preñando de significado sus gestos y acciones cotidianas y reconociendo, asumiendo y encauzando su vocación y destino.
 
Las labores de tipo burocrático o administrativo tendrían que ser mapas y brújulas que orienten y faciliten los caminos educativos. Pero la travesía no se realiza nunca sobre los mapas ni programaciones sino en los paisajes relacionales, en las vivencias compartidas y en los acontecimientos que, como amapolas, brotan espontánea e inesperadamente, en las orillas de los senderos habitualmente transitados.

Los proyectos no son sino horizontes que seducen nuestra mirada y que, por tanto, enamoran nuestros corazón y convocan nuestros pasos. La escuela, y dentro de ella cada maestra y maestro, tiene el gran reto de dotar de vida lo que elabora y escribe. La escuela ha de conjugar en todo tiempo, modo y con toda persona, el gran infinitivo que denomino “escrivivir”: todo lo que se escriba ha de partir de la vida o remitir a ella.

La burocratización de la escuela, es decir, el papeleo sin corazón, convierte al “maestro mago” en simple “funcionario burócrata” que vive sus actos como acciones sin sentido (es decir, sin dirección, sin norte), como algo repetitivo, monótono y rutinario que sólo se alimenta, como el farolero del Principito, del propio desencanto y de la desidia ajena. (Ver reflexión sobre el sentido de nuestro trabajo en “Educar con Co-razón”, págs.229-240).

Sin corazón, es decir, sin el latido de la pasión y de la entrega amorosa a aquello que se hace, el maestro deviene en funcionario que sólo tiene tareas que cumplir, sin propósito ni horizonte, que todo lo que hace es “más de lo mismo”, que configura su lugar de trabajo como espacio profano sin significado y para el que “todo vale lo mismo”, que no hace sino revelar que “nada le merece la pena”.

Sin corazón todo degenera: los desafíos en meras tareas, los horizontes en objetivos operativos, la aventura en procedimientos o metodología, las experiencias en técnicas y las vivencias en actividades.

Un maestro es un funcionario de la Vida. Y es en el altar de la Vida donde cada día realiza la ofrenda de su vocación y entrega.

Si, como decía Machado, “se hace camino al andar”, me atrevo a afirmar que “se hace educación cuando se recorre el camino del corazón”.

Programar, es mucho más que una actividad intelectual. Como señala la misma palabra, “progre-AMAR”  es progresar en el amar. Cuando un maestro ama cada día más su trabajo, a sus alumnos, a las familias de sus alumnos, a sus compañeros de trabajo…. está cumpliendo y realizando, en lo más profundo, lo que el infinitivo señala.


Como señalo en mi libro “La Vida Maestra” (Desclée, pág. 55), “programar, como todo gesto sublime del corazón, es ante todo una cuestión de sensibilidad, atención, escucha, ternura, generosidad y de entrega. Sin amor no hay programación; no sólo se nos rompe la palabra sino que se nos descomponen las acciones que representa.

Ante cada cosa que hacemos en la escuela, ante cada camino que trazamos y recorremos tendríamos que hacernos esta pregunta: ¿Tiene corazón ese sendero? Si lo tiene, el sendero será bueno. Si no, no sirve.
Un camino con corazón significará un viaje alegre y mientras lo recorras, serás parte de él. El otro puede arruinar tu vida. Uno te hará fuerte; el otro te debilitará. Una senda sin corazón nunca podrá ser disfrutada. Tendrás que esforzarte incluso para recorrerla. En cambio, una senda con corazón es fácil, no te obligará a esforzarte para gustar de ella.

El problema es que nadie se hace la pregunta.
Como para Carlos Castaneda, para mí sólo tiene sentido recorrer los senderos que tienen corazón. Viajaré por cualquier camino que pueda tener corazón y el único desafío que valdrá la pena será recorrerlo en toda su extensión. Y recorrerlo no solo sino acompañado de corazones que comparten mi misma vocación y entrega. Y sabremos que hemos llegado muy, muy lejos…. simplemente porque habremos llegado muy, muy dentro…

                                    JOSÉ MARÍA TORO
                                Texto de presentación del material 
                          "El proyecto educativo de centro en la LOE.
                               Un modelo de trabajo cooperativo".
 CEP Tenerife Sur-Abona      

                
JOSÉ MARÍA TORO. Maestro. Escritor. Formador y conferenciante. 
              Autor, entre otros, de "Educar con Co-razón" (13ª ed.), "La Sabiduría de Vivir" (3ª ed.) y "Descanser. Descansar para Ser" (2ª ed.) publicados por la Editorial Desclée de Brouwer.
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TWITTER: @josemariatoro 
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