miércoles, 18 de abril de 2012

El aprendizaje "atmosférico"


La educación emocional, de las actitudes y de los valores son trasunto de un aprendizaje que llamo “atmosférico”, porque son aprendizajes que no se enseñan sino que se contagian.

El adulto, con su presencia, irradia una atmósfera, genera un clima y conforma un ambiente en el que el alumno se sumerge. Es algo que se respira y que se incorpora por la continuidad, persistencia y permanencia de unos estímulos que terminan haciéndose habituales y familiares.

Las atmósferas nos envuelven y modelan, nos penetran, nos forman y conforman.
Las atmósferas son tremendamente poderosas por su sutileza y levedad y constituyen una especie de curriculum oculto que, sin embargo, es luego el más visible de todos.


El aprendizaje atmosférico es un aprendizaje mucho más sutil, y por la tanto más efectivo, que aquel que se realiza a través de intervenciones directas y muy explícitas.

Es un aprendizaje que no se piensa sino que se respira, que no se elabora sino que se incorpora sin darse cuenta y , por eso mismo, no se puede dar cuenta  de él.

Es un aprendizaje que al ser difuso es aprehendido por cada poro y alcanza a cada célula.
Va mucho más allá de lo mental consciente  y por eso se  va conformando como algo vital, existencial, como un modo de operar global  de la persona.

Sus características hacen de él un aprendizaje atmosférico, etéreo, pero tremendamente significativo y poderoso.

De todo ello concluyo la necesidad de pararme y tomar conciencia por unos momentos de la atmósfera que me rodea, la que yo creo o configuro con mi modo de actuar así como del ambiente que continuamente voy entretejiendo con los hilos invisibles que me mueven hacia aquello que hago sin saber muy bien los porqués ni el cómo.

La observación atenta de los niños que me rodean me devuelve siempre algo de lucidez y comprensión sobre aquello que yo emito. Y ya sé que emito no sólo, ni tan siquiera fundamentalmente, con la palabra conceptual.

En no pocas ocasiones la materia-energía de mi voz (tono, vibración, volumen), de mis gestos, de mis movimientos, de mis ritmos y de mi presencia  no hace sino ir contaminando un ambiente en el que yo mismo me veo afectado por la propia asfixia.

                         JOSÉ MARÍA TORO.
          Texto extraído del libro: "LA VIDA MAESTRA", pág.68. Ed. Desclée 


 JOSÉ MARÍA TORO. Maestro. Escritor. Formador y conferenciante.
Autor, entre otros, de "Educar con Co-razón" (16ª ed.), "La Sabiduría de Vivir" (3ª ed.)"Descanser. Descansar para Ser" (3ª ed.)  y "Mi alegría sobre el puente. Mirando la vida con los ojos del corazón" (2015) publicados por la Editorial Desclée de Brouwer.
Coautor de: MAESTROS DEL CORAZON. Hacia una Pedagogía de la Interioridad. 

Ed. Walters Kluwer.
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2 comentarios:

  1. Perdoname pero difiero contigo. Me encuentro en un centro ubicado en una zona deprimida, en la que lo que tu llamas"atmósfera", ha envuelto a los niños; han absorbido unas conductas y una actitudes por y para la vida que no me gustan. Me toca"enseñarles " que se puede ser feliz, que pueden cambiar su futuro, que no siempre van a estar ahí, que hay posibilidades y que depende de ellos elegir.
    . Es más fuerte la atmósfera en la que viven que la atmósfera que le podemos ofrecer en la escuela.

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