domingo, 22 de marzo de 2020

La vacuna de la conciencia


Toda situación dramática y toda tragedia traen consigo una lección, la posibilidad de un aprendizaje, un cambio, la apertura de nuevos senderos y el vislumbre de otros horizontes en el devenir de la historia personal de cada uno y de toda una comunidad.

Toda situación, como la que vivimos en estos momentos,  es excepcional cuando nos impele e invita a movilizar lo mejor de sí, cuando se vive como singular, única e irrepetible. Muchas cosas ya no serán igual o no las viviremos de la misma manera.

Toda situación es excepcional cuando la acogemos como flor del presente y como fruto del futuro. Por eso nuestra respuesta ante cualquier situación ha de ser un derramar el aroma de nuestras mejores esencias sobre el cuerpo del mundo para ungirlo, para acariciarlo y para besarlo con la fragancia de nuestras acciones y de las respuestas que damos ante lo que la vida nos pone por delante.

No sólo ahora es momento de estar unidos, de sentirnos comunidad y de poner el bien común por encima de los miopes horizontes, afanes e intereses individuales.
No sólo ahora es  momento de valorar esas labores que realizan los otros y que hacen posible que las cosas funcionen, que las personas se curen, que los niños jueguen y aprendan y que tengamos a mano lo que necesitamos para seguir viviendo. 


Es preciso tomar conciencia y valorar también los trabajos y quehaceres propios que facilitan la vida de los otros haciéndola más digna, gozosa y llevadera.

Ahora es el momento de inyectarnos la vacuna de la conciencia, la única que puede librarnos del virus del egoísmo, del consumismo desaforado, de una vida tan frenética como vacía, de la debilidad del pensamiento y de las modas y modos superficiales de gestionar esa maravilla tan frágil y al mismo tiempo tan valiosa como es la vida.

Sin conciencia, el dolor de las situaciones más duras y difíciles deviene en sufrimiento y lo vivido no deja huella, no transforma, simplemente queda como un mal recuerdo. Sin conciencia, pasadas las crisis, se vuelve a lo mismo o de la misma manera: pasó la crisis pero no pasó por uno todo el potencial de cambio y las muchas posibilidades que traía consigo. 

Sólo desde la conciencia podemos darnos cuenta de cuando vivimos desde unos “personajes” que no siempre responden a ese Ser más auténtico que suele asomarse, como por sorpresa, en los momentos más difíciles y críticos.

El carácter dramático de situaciones como una pandemia recoloca en su justo lugar las prioridades y reorienta los afanes. También  hace que se funda en una pertinente síntesis esa triada de lo urgente, lo importante y lo esencial  que suele estar desmembrada y, no pocas veces, en antagonismo y oposición en nuestras decisiones cotidianas.

Lo que estamos viviendo estos días da más volumen y pone de manifiesto tanto lo positivo como lo negativo. Y, sobre todo, hace más visible la mezquindaz y permite hacernos más conscientes de la frivolidad de determinados hábitos y conductas. 

El mezquino es incapaz de ablandar su corazón, de limpiar su mirada de prejuicios o de ponerse en el lugar del otro, ni siquiera en situaciones de extrema gravedad para el colectivo. 

La frivolidad, rasgo presente en muchos de los latidos con los que pulsa una cultura consumista, hedonista y superficial, puede resultar incluso graciosa en tiempos de bonanza y bienestar, pero ahora nos muestra su rostro más patético e insolidario.

Las pequeñas llamas se hacen más intensas y visibles cuanto mayor es la oscuridad en la que se encienden. 
Ahora es el tiempo de encender, avivar pequeñas llamas de amor vivo y fuegos de pasión y entrega a la Vida a través de los humildes gestos y acciones que, en los estados de normalidad, suelen pasarnos inadvertidos.

Sólo desde la conciencia reconocemos el carácter sagrado del otro, más allá de sus creencias o ideas; sólo desde la conciencia advertimos el carácter totalmente ficticio de las fronteras y de las identidades culturales o sociopolíticas.

Sólo desde la conciencia acogemos los errores y los bendecimos como esos puentes que median entre la inexperiencia y la sabiduría
Sólo desde la conciencia comprendemos los errores de los otros y nunca los usaremos para un beneficio propio.

Sólo desde la conciencia acogeremos todo, todo, todo lo que la vida nos presente, ya sea duro o blando, agradable o desagradable, blanco o negro, como una ocasión para dirigir la mirada, una vez más, hacia nosotros mismos, hacia lo que yo puedo hacer, hacia cómo me sitúo y cómo respondo ante eso. 

Si puedo cambiar algo, la conciencia me lanza a ello. Si no puedo cambiarlo, la conciencia se vuelve sobre mí mismo para iluminar cómo me sitúo ante ese algo.

Sólo desde la conciencia puedo regular  mi uso de las redes sociales siendo cuidadoso con cada cosa, con cada mensaje, con cada palabra y con cada vibración que lanzo y comparto en ese espacio virtual al que tantos pueden acceder. Cada mensaje, cada foto o cada emoticono es energía e implica un gasto energético. Por eso hemos de evitar los excesos y procurar que sea algo nutritivo y que alimente.

La conciencia me impide divulgar mentiras o medias verdades, sobre todo en momentos especialmente sensibles como el de ahora, en el que, sin saberlo, es decir, sin conciencia, podemos ser correa de transmisión de bulos, falsedades y todo tipo de información que pueda generar crispación y división en lugar de unidad, sintonía y esperanza.

La tecnología es puro recurso o instrumento. No tiene conciencia. Somos nosotros los que tenemos que ponerla para que con ella podamos trazar una red que sea vínculo de comunión y no una malla en la que acabamos finalmente atrapados.

La conciencia es ese faro que ilumina horizontes de auténtica humanidad.
Es la brújula que nos impide caminar sin norte, desnortados y sin rumbo y a la deriva de los objetivos que otros nos marcan. La conciencia, como el corazón, son nuestro mapa y el territorio al que finalmente, como tierra prometida, estamos convocados a arribar para instalarnos y vivir en ella.

                 Desde el confinamiento ob-ligatorio, solidario y responsable en Lora del Río (Sevilla) 22 de marzo

  En estos días, dedica tiempo, entrégate a aquello que pueda desarrollar y elevar tu nivel de conciencia: atiende, cuida y honra a tu cuerpo físico con una alimentación sana, con el ejercicio que puedas realizar y con suficientes horas de sueño; lee o escucha contenidos que te ayuden a crecer como persona, pero sin caer en el exceso ni en la saturación; escribe lo que tu corazón te dicte pero se exquisito en lo que compartes y divulgas, investiga sobre por qué eres como eres; medita en silencio y descansa, no para dormir, sino para despertar.




JOSÉ MARÍA TORO. Maestro. Escritor. Formador y conferenciante.
Autor, entre otros, de:
"Educar con Co-razón" (20ª ed.) http://bit.ly/2E9xt87
"La Sabiduría de Vivir" (4ª ed.)  http://bit.ly/2nRusOR
"Descanser. Descansar para Ser" (3ª ed.) http://bit.ly/2scCib8
"La Vida Maestra" (2ª ed.) http://bit.ly/2gY46JQ
"Mi alegría sobre el puente.Mirando la vida con los ojos del corazón" (2015) http://bit.ly/2GZKaAi
"El pulso del cotidiano. Ser-Hacer-Vivir-Realizarse" (2017)
publicados por la Editorial Desclée de Brouwer.

OTROS LIBROS COLECTIVOS EN LOS QUE PARTICIPA JOSÉ MARÍA TORO.
Ed. Walters Kluwer.





8 comentarios:

  1. Un gran saludo desde Uruguay. A estar todos unidos con conciencia.

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  2. Siempre abriendo puertas, tendiendo puentes, desgranando co-razones.

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  3. Bravo José María!! Sin duda la vacuna que propones es la solución, hasta el punto que me atrevería a decir que la vida nos ha puesto en esta situación para que despertemos antes de que sea tarde. Este maestro tan duro y exigente, el Covid19, nos trae lecciones que aprender. Aprenderemos?

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  4. No te conocía, por el buen uso de las redes me llega tu reflexión. Muchas gracias, conecto con todo lo que dices y me lo reafirma. Estamos en un momento único para trascender y para ser luz. Que buena expresión "la vacuna de la conciencia", me la quedo y la comparto. Un abrazo desde el pulso de mi corazón.

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  5. Hola, jose M!
    Un placer leerte siendo complice absoluta de tus palabras.
    Esas palabras que recibo como rocio en la noche y sol de madrugada.
    Gracias por tu compartir y sobre todo, gracias por Exitir!
    Un abrazo.

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  6. Gracias Jose María por tus reflexiones. Está será la única vacuna que me pondré. "La vacuna de la Consciencia" La más necesaria para toda la humanidad

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