viernes, 29 de junio de 2012

Descanser en Verano. Videotexto.Energía y Espiritualidad de las Estaciones.



Músicas: "Delight" (KITARO) - "The gravel road" (JAMES NEWTON HOWARD)
               "I can carry you" (JAMES NEWTON HOWARD)

TEXTO DEL VIDEO.

Descanser en Verano.

El verano, como cada una de las estaciones, marca una dirección, orienta en un sentido determinado el movimiento de nuestro mundo interior.

También nuestro descanso.

El verano, como cada estación, es un tiempo específico, con un sentido particular, con una energía peculiar.

El verano es la estación que representa el mediodía del año; es, por tanto, el apogeo del sol, de la luz y del calor.
Estos elementos hacen que las flores de la primavera se conviertan en fruto.
El verano representa también para los árboles humanos el tiempo de la maduración, del crecimiento, de la evolución.

El verano es la estación del corazón, del fuego, del color rojo.
No se trata sólo de exponer nuestra piel al sol para broncearla sino de avivar ese sol interior que es el corazón.
Exponernos también durante largas horas de inactividad al sol del corazón inundará nuestros cuerpos de una alegría que sudará por nuestros poros.

El verano nos invita no sólo a vivir más al aire libre sino también a hacer más libre y consciente el aire de nuestra vida de cada día.

El verano es la energía que nos reta a salir fuera sin salirnos de dentro.

Porque cada desplazamiento realizado en verano es una propuesta de movimiento interno, la posibilidad de una travesía espiritual, la invitación a vivir cada “ex – cursión” en la superficie como un “in - cursión” por la propia espesura interior.

Vayamos más allá de esta contradicción aparente:
los movimientos del verano suponen una “pausa”, un detenerse de esos otros movimientos que sostienen nuestro vivir cotidiano en los períodos de trabajo.

Podemos ahora renovar nuestro ser con la energía que nos proporciona descansar en verano.

Las vacaciones nos dan la posibilidad de “romper” con nuestras rutinas y pueden devolvernos transformados al reinicio de un nuevo período de actividad, pero con una condición: haber descansado en ellas.

No es sólo el cuerpo quien ha de descansar; no es sólo la piel quien ha de sentir esa plenitud de luz y energía bañando su continente; es toda la persona interior la que puede también vivirse como verano pleno.

Podemos sentir el contacto del sol, de la brisa.... con nuestra piel y, al mismo tiempo, sentirnos en conexión con nuestro sol interior, con el aire-espíritu que se mueve en lo más hondo de nosotros.
De esta manera todo lo vivido en la superficie no será nada superficial sino expresión, emergencia, realización de lo profundo.

El verano describe para nosotros el escenario donde realizar una coreografía en la que se descansa en el movimiento y  nos movemos en el reposo:
montamos tiendas de campaña en la llanura de un no hacer que nos está rehaciendo, paseamos descalzos por las orillas en las que por fin vienen a morir las embravecidas olas de nuestro agitado mar emocional,
subimos por las laderas escarpadas de los aspectos más rocosos de nuestra personalidad y de nuestra vida,
cruzamos puentes que nos acercan a las orillas de los otros y del mundo.

Todo “pausado”, todo vivido con otra “pauta”.....
he ahí el latido sutil y profundo que anima esta estación.

Como el resto de las estaciones, el verano es una “invitación para estar”, para estar en lo que estamos, para que estemos juntos, para estar en nosotros mismos.

Ese puede ser el gran fruto que recojamos como cosecha en este tiempo del verano: nuestro estar en el mundo de otra manera, con otro brillo y con otro jugo.

El verano es un canto de afirmación a la vida, la exaltación de los sentidos, la celebración de la abundancia y el regocijo de la generosidad.

No habrá verano si, al mismo tiempo que nos trasladamos a la playa o a la montaña
no nos adentramos en nuestro paisaje interior… para conocerlo, habitarlo, embellecerlo y disfrutarlo.

                                                         JOSÉ MARÍA TORO.
                                   "Descanser. Descansar para Ser" (Editorial Desclée)

miércoles, 20 de junio de 2012

La belleza del abrazo.

                
                  La belleza del abrazo

Me gusta sentir que los brazos y las manos no son sino una prolongación del corazón.
Por eso abrazar y dejarse abrazar es uno de los gestos que más humanos nos muestra y, sobre todo, que mejor revela lo mejor que podemos llevar dentro.
Un abrazo es siempre expresión de un pulso, el pulso de la amistad, vínculo del espíritu.
Un abrazo es siempre manifestación de un latido, el latido del amor, reclamo de la sangre.
En él, las hebras de nuestros brazos se unen en un mismo pespunte.
El abrazo es puente que me acerca a la orilla del otro, es camino que me adentra en lo mejor de mí mismo, es sendero colmado de afecto, mar de emociones, río por el que circulan silenciosas las palabras que no pueden decirse.
Todo aquello que no podemos decir y expresar cuando la boca se obstruye, cuando la emoción nos ahoga, se encauza y se libera a través de los meandros de nuestros abrazos.
Cuando las palabras faltan, y también cuando las palabras sobran, aparece el abrazo como susurro del alma.
Un abrazo es siempre palabra vertida en silencio, frase concreta y exacta, expresión precisa, verbo hecho carne.
El abrazo aproxima corazones, aúna latidos, acerca presencias, es pañuelo que enjuaga lágrimas y bandera que ondea al viento nuestra más honda alegría.
El abrazo es salud que se contagia.
El abrazo es alivio, calma, espacio sin tiempo, tiempo vivido en el espacio sagrado de lo circular donde lo tuyo es mío y lo mío tuyo porque mientras estamos abrazados, estamos en lo mismo, vivimos lo mismo.
El abrazo, en su circularidad, es pura geometría del amor, sello de comunión.
En él se secan las lágrimas frías del dolor y de él brotan tiernas las suaves lágrimas del gozo.
El abrazo es el pincel que mejor traza la línea curva de la sonrisa, es lumbre que enciende nuestros ojos y luz que ilumina nuestro rostro. En su belleza, el abrazo rehace nuestra hermosura y  nos devuelve al mundo como regalo.

                                                          JOSÉ MARÍA TORO 
Texto del libro:  MI ALEGRÍA SOBRE EL PUENTE. 


        Música: “Full Circle” (Loreena Mckennitt)


MI ALEGRÍA SOBRE EL PUENTE. VIDEOCLIP 1 http://bit.ly/1zDGpoF
Un libro para,desde el mirar,derramar la alegría del corazón sobre el cuerpo del mundo.

MI ALEGRÍA SOBRE EL PUENTE. VIDEOCLIP 2  http://bit.ly/1z9fLnI
Un libro para reavivar el entusiasmo y renovar nuestra entrega a la Vida.



JOSÉ MARÍA TORO. Maestro. Escritor. Formador y conferenciante.
Autor, entre otros, de "Educar con Co-razón" (15ª ed.), "La Sabiduría de Vivir" (3ª ed.)"Descanser. Descansar para Ser" (2ª ed.)  y "Mi alegría sobre el puente. Mirando la vida con los ojos del corazón" (2015) publicados por la Editorial Desclée de Brouwer.
Coautor de: MAESTROS DEL CORAZON. Hacia una Pedagogía de la Interioridad. 

Ed. Walters Kluwer.
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viernes, 15 de junio de 2012

El trabajo como agradecimiento

                                       
     Fue con uno de estos alumnos con el que vivi la experiencia que relata el siguiente texto.
                  Los alumnos y alumnas protagonistas de EDUCAR CON CO-RAZÓN

                                      EL TRABAJO COMO AGRADECIMIENTO

Hace unos días uno de mis alumnos de nueve años se negaba a hacer  sus tareas, su trabajo. Yo me acerqué a él, me senté a su lado, le cogí una de sus manos y le dije:
- " Bueno, en lugar de hacer tu trabajo te propongo lo siguiente: mira la ropa que llevas puesta. Cierra  los ojos y piensa por un momento en la cantidad de personas que han trabajado para que tú ahora puedas llevar esa camisa, esos pantalones, esos zapatos. Piensa ahora por un momento en tu padre que desde las seis de la mañana trabaja cogiendo espárragos o en lo que puede estar haciendo ahora tu madre: preparando la comida, lavando o planchando tu ropa, arreglando tu cuarto para que te lo encuentres agradable y limpio.
Abre ahora los ojos y mírame. Piensa en las horas y horas que yo he estudiado para ser maestro y poder ayudarte a aprender. Fíjate, ahora mismo estoy aquí trabajando contigo y con tus compañeros. Mira tócame aquí (acerco su mano a mi pecho): cuando uno trabaja y ama eso que hace, dentro del pecho se enciende como una llamita que te llena todo el cuerpo de un calorcito suave y de una gran alegría. Algunos días, cuando vuelvo a Lora, si he hecho mi trabajo con amor y entusiasmo y veo los árboles mecerse por el viento, las nubes moverse por el cielo, los pájaros revoloteando por encima de mi coche, me parece como si me estuviesen dando las gracias por todo lo que he hecho. ¿Sabes qué parece que me están diciendo?. Algo así como que con mi trabajo ayudo a mejorar y embellecer el mundo y que para hacer bien una cosa hay que amarla. Es verdad que a veces nos cuesta trabajar, pero con lo que cada uno hace en realidad no hacemos sino dar las gracias por todo aquello que recibimos.
Le apreté su mano con ternura y me levanté para ayudar a otro compañero que me requería.
El niño  hizo un gesto de agradecimiento a todo lo que la vida le ofrecía: abrió su cuaderno y empezó a escribir: Peñaflor,  7 de Abril .....

        Texto del libro: LA VIDA MAESTRA, pág. 69 (Editorial Desclée)

miércoles, 13 de junio de 2012

Agradecer a quien nos enseña


No nací sabiendo. Y aunque en mi primera célula estuviese contenido todo el conocimiento, lo estaba como potencial. Es viviendo y aprendiendo como todo ese potencial de conocimiento va convirtiéndose en actualización, en encarnación de sabiduría.
Lo aprendido siempre es, de algún modo, recibido.
Pero aprender no es repetir lo que otro me ha enseñado, lo que de otro he recibido sino verificar en la propia experiencia la enseñanza de otro o de uno mismo.
Aprender es prestar el propio cuerpo, las propias células, la propia vida como laboratorios donde las verdades, siempre sucesivas y provisionales, van emergiendo, manifestándose y desvelándose.
No sabía, o tal vez simplemente no recordaba, a fin de cuentas es lo mismo, algo que tú me has comunicado.
Te lo agradezco por habérmelo entregado y me felicito a mí mismo por haber estado abierto y receptivo y haberlo acogido y recibido.
Tú me has enseñado. Gracias.
Yo he aprendido. Me felicito.
Mi agradecimiento hacia ti y mi felicitación para conmigo trazan el indecible abrazo del reconocimiento y de la igualdad.
Gracias por lo que aprendiste y has compartido para que yo también sepa.
Este agradecimiento me hace mirar lo que me entregas y que ya es mío, también. Pero si lo que hago es mirarte a ti y olvidar que eso ya lo tengo yo, algo que en realidad siempre tuve o estuvo llamado a formar parte de mi mismo, entonces caigo en el error de  mitificarte o idolatrarte. Y al admirarte dejo de mirar lo realmente importante: el reflejo o la huella que deja en mí lo que me enseñas.
La idolatria es el error de sacar nuestra divinidad  y proyectarla en algo o alguien externo después de habernos vaciado, olvidado y enajenado de ella.
El agradecer se degenera y convierte en   "a-grandecer": justamente lo contrario de hacer grande al otro.
Cuando agradezco engrandezco al otro porque yo no me menguo en la comparación con él; crezco con él porque ambos somos alimentados por la misma sabiduría. La única diferencia es que él tomo primero la cucharada; simplemente comió antes, pero la comida es la misma.

Siento que todo el que me enseña en la búsqueda del recuerdo de su propia sabiduría de alguna manera me está diciendo:

"No me encumbres a un pedestal al que no quiero subir y en el que no quiero estar. Aunque lo que te pueda enseñar sea muy valioso para ti, aunque me sientas como tu Maestro, no quiero verte por encima del hombro, no quiero que me sientas más alto, mejor ni diferente de ti.
Echémonos el brazo, igualemos nuestros hombros y caminemos juntos".

                      Texto del libro: LA VIDA MAESTRA  (Editorial Desclée)
          
                                                                             Ilustración: Ismael Cruz

martes, 5 de junio de 2012

¡Cómo han cambiado las cosas!

                                      Cambia.... Todo cambia....., pero ¿para bien?


 La vida es cambio y movimiento. Tenemos que estar, de entrada, abiertos a los cambios y, desde el sentido común y con la sabiduría del corazón, propiciar y favorecer sólo aquello que nos haga más felices y humanos.

  

                                  En los cumpleaños, recuerda: Sobre la tarta de tu vida, 
                                    NO APAGUES VELAS, ENCIÉNDELAS.
                                                              Todo el mundo, 
                              todas las distracciones y atracciones en la propia habitación.
                                              Las relaciones familia y escuela,
                                              cómo nos situamos los adultos.

                                             LA TELEVISIÓN Y NOSOTROS 
                                             TAMBIÉN HEMOS CAMBIADO
                                      En no pocas ocasiones, 
                                      las reuniones entre amigos ya no son tampoco lo que eran

JOSÉ MARÍA TORO. Maestro. Escritor. Formador y conferenciante.
Autor, entre otros, de "Educar con Co-razón" (13ª ed.), "La Sabiduría de Vivir" (3ª ed.) y "Descanser. Descansar para Ser" (2ª ed.) publicados por la Editorial Desclée de Brouwer.


MAESTROS DEL CORAZON. Hacia una Pedagogía de la Interioridad. Información libro http://bit.ly/JVhQjX

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viernes, 1 de junio de 2012

El Niño es el Padre del Hombre.

          EL NIÑO ES EL PADRE DEL HOMBRE.

Los niños y niñas están ahí para enseñarnos quiénes somos.
Ésa es su importancia pedagógica
y a nosotros, adultos, nos corresponde saber captar sus mensajes,
descifrar sus “claves”,  recordar sus lecciones
y, para escucharlas más de cerca,  decidirnos, de una vez por todas,
a mirarlos y escucharlos.
Mirar a los niños es entregarnos a la contemplación del Misterio,
ofrecernos como ojos que indagan y escrutan,
que escuchan y acarician  y que preguntan y responden.
Un niño que no es mirado ni reconocido  será un adulto perdido y sin rumbo.
Amar es mirar.
Cada mirada cargada de ternura es bautismo
que unge al mirado con los santos óleos de nuestra humanidad.
Un niño que no es acariciado
será un adulto que estará en una continua búsqueda
de lo que desconoce que ya posee dentro de sí.
Un niño que no es escuchado   no reconocerá su propia voz
ni tomará conciencia del poder de la palabra definitiva que es él mismo.
Los niños sin abrazos
serán adultos cuyas manos no pararán de moverse y agitarse,
haciendo compulsivamente, pero sin latido
y actuando con prisas, pero sin conciencia.
O, por el contrario, quedarán petrificados, inermes
y sin posibilidad de ubicarse convenientemente
en el espacio social que les corresponde.
Si un niño es mirado
derramará luego sus ojos sobre el mundo como una bendición;
si es escuchado responderá con palabras que sonarán a música
y si es acariciado cuidará de la piel frágil de la vida
con la misma delicadeza y ternura con la que fue rodeado su cuerpo.
El niño es el inicio, la puerta, el primer paso,
el esbozo y la promesa del Hombre que duerme en su interior.



El niño engendra al adulto que será y le alimenta con cada experiencia que vive.
Todo hombre tiene por padre y madre al niño que fue.
Por eso, cuidar a un niño, a una niña, es cuidar a toda la especie humana.

                        Texto original de JOSÉ MARÍA TORO. 

Música: “12 o´clock” (Vangelis)